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Cristóbal Carnero Varo, más que un amigo, más que un compañero, más…

Cuando un amigo, una persona querida fallece nos preguntamos si nos hemos dicho todo lo que teníamos, debíamos y queríamos decirnos. En el caso de Cristóbal era fácil porque él era el primero que con delicadeza, humildad, cariño y generosidad, te decía lo que entendía debía decirte. Entraba dentro de su concepto de lealtad hacia el amigo que le involucraba en proyectos con los que podía no estar del todo de acuerdo, pero su sentido de la amistad decidía que había que estar al lado del amigo.

Cristóbal era donante de conocimiento y cultura. Le encantaba saber para luego transmitirlo a los demás. Nos narraba los orígenes de las palabras, los dimes y diretes que despertaban en los demás curiosidad por saber, la historia. No le daba valor a poseer una gran memoria por ser innata, pero su afán por la lectura y el saber, alimentó una de sus grandes cualidades.

Vivió como trabajó. Se implicaba en todo lo que le interesaba. Fuera profesional o personal. Era honesto, noble, ingenioso en su vida y su trabajo. Tertuliano. “Recomendador” de lecturas y lugares que visitar. Una vez me preguntó que hacía en Malakando, le contesté que era el equilibrio y el criterio. No dudaba en decirte que estabas equivocado y debías pedir perdón si entendía que habías ofendido o herido a alguien. Por eso decía al principio que hemos tenido la suerte de decirnos lo que teníamos, debíamos o queríamos.

Sus últimos días fueron una continuidad de cómo era. Discreto en su preocupación, entero ante su dolor y siempre digno ante su enfermedad. Su último guasap: “Sigo luchando. Sois buenos amigos”.

 

Ahora que ya no está con nosotros físicamente habrá quien mire hacia arriba, pero lo mejor será mirar de frente por si tenemos la suerte de encontrarnos a Isabel, su mujer; a sus hijas: Isabel, María y Carmen; a su yerno Isaac. Con qué entereza nos recibieron; con qué cariño nos abrazaban; sus lágrimas parecían esperar que nos alejáramos para que al separarnos recordáramos solo su sonrisa. Prueba de la generosidad que siempre nos regaló, fueron las palabras de su hija Isabel al final de la misa. Con emoción contenida nos agradeció nuestra presencia cuando éramos nosotros los agradecidos por haber disfrutado de Cristóbal.

Gracias Cristóbal. Amigo y compañero. Para muchos de nosotros, además: profesor, tutor, abogado personal y profesional, contertulio y maestro.

El mundo que dejaste al marchar será mejor gracias a la familia que nos legas. Estaremos a su altura. Es nuestra obligación.

Nuestro cariño amigo y compañero Cristóbal Carnero Varo.

 

 

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